La jueza impone medidas cautelares a los cuatro adolescentes acusados de agredir física y sexualmente a otro menor en Almendralejo

El Juzgado de Menores de Badajoz ha acordado este jueves imponer medidas cautelares a los cuatro adolescentes, de 16 y 17 años, sospechosos de haber agredido física y sexualmente a un compañero en su instituto de Almendralejo. La jueza que lleva el caso ha prohibido a los cuatro acusados acercarse a menos de 100 metros del compañero que los ha denunciado, de 16 años y compañero de clase. Tampoco comunicarse con él por cualquier medio, incluido a través de terceras personas. Estas medidas, hechas públicas en un auto en la tarde de este jueves, estarán vigentes hasta que haya sentencia firme sobre el caso. Se trata, según la magistrada, de unas medidas “adecuadas a los presuntos hechos y en interés de los menores”, han informado en nota de prensa desde el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx).
Los cuatro menores acusados han prestado declaración ante la Fiscalía de Menores, que ha demandado la aplicación de las medidas, en la mañana de este jueves. Han testificando en la sede provincial de la institución, en Badajoz, donde han llegado por separado y acompañados de sus familiares. Los dos primeros han ocultado sus caras, usando mascarilla, gafas de sol y las capuchas de las prendas que llevaban. Los otros dos acusados se han presentado en las dependencias judiciales una hora más tarde que sus compañeros con el rostro descubierto. Los cuatro han negado los hechos.
La decisión de la Fiscalía implica que no pueden acudir al centro educativo, donde cursan una FP básica junto al chaval que los ha acusado de agredirlo. Actualmente, los supuestos atacantes “tienen suspendido cautelarmente el derecho de asistencia al centro, mientras se resuelven los procedimientos disciplinarios”, según detallaron hace días desde la consejería de Educación extremeña.
Las agresiones denunciadas por su compañero, de 16 años, se produjeron entre el 17 y el 27 de marzo en el vestuario del instituto Carolina Coronado ―uno de los tres centros públicos de la urbe, de unos 34.000 habitantes― y fueron reiteradas, según explicaron desde la Asociación contra el acoso escolar de Cáceres (Acoes), que está apoyando y asesorando a la familia.
Los hechos se hicieron públicos el 27 de marzo, cuando el chico contó en el centro la situación que padecía y fue trasladado al Hospital Tierra de Barros para que le realizaran un examen médico. La familia se enteró en ese momento y un día después interpuso una denuncia en la comisaría de la localidad pacense. Entonces, se tomó declaración a los cuatro acusados, que fueron puestos en libertad.El caso se derivó entonces a la Fiscalía de Menores, con “toda la documentación y las diligencias practicadas por la Policía”, detalló el delegado del Gobierno en Extremadura, José Luis Quintana.
“El chico tiene miedo de salir a la calle. Habrá que darle tiempo para que se sienta con fuerzas”, explica Maribel Mendoza, presidenta de Acoes. El miércoles, la organización hizo pública una carta escrita a mano por la madre del menor. En ella, además de recalcar la necesidad de “parar tanta violencia”, y agradecer el apoyo mostrado a su familia, explicó que su hijo había sido “la voz silenciosa de muchos niños, que por temor no se dejaban escuchar. Que sepan todos ellos que no están solos, que sus familias siempre los protegerán, y que los aman demasiado”. También pidió más esfuerzos en “formar a hombres y mujeres para el bien de esta sociedad” y añadió que su hijo, “a pesar de todo, no se ha sentido solo”.
El agredido ―“muy simpático, espontáneo, buen chico”, describen algunos de sus amigos del instituto― era cercano a los supuestos agresores, compartían estudios. “Se llevaban medio bien”, contaba, entre lágrimas, un amigo cercano al denunciante el martes, cuando medio centenar de personas se concentró a las puertas de instituto para mostrar apoyo a la víctima.
“Son los típicos matones”, describía una chica a los supuestos agresores tras la concentración. A lo que añadió que, tras la agresión, iban contando “sin ninguna vergüenza” lo que habían hecho. “Me lo dijo una amiga de ellos, pero no voy a repetir lo que decían. No me apetece”, remarcaba. Otros estudiantes afirmaban que los habían visto por la calle, “como si nada”. “Y nuestro amigo, en su casa. No hay derecho”, se quejaban los compañeros más cercanos al agredido.
A pesar de que parecía tener relación con sus supuestos agresores, el joven había compartido con algunas personas de su círculo que estos compañeros en ocasiones se metían con él: “Decía que era de broma, pero yo creo que se aguantaba por encajar”, relataba otra amiga. Recientemente, el joven les comentó que las agresiones habían ido a más. “No dio detalles y nos dijo que iba a hablar con los profesores”.
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